La humildad o “te voy a pagar lo que me de la gana”

La humildad o “te voy a pagar lo que me de la gana”

 

Siempre me he preguntado por qué la industria del entretenimiento, las agencias publicitarias, de marketing, productoras audiovisuales independientes y demás rubros no tan “duros/técnico/formales” (pero igual de profesionales) pasan por crisis financieras, específicamente cuando no pueden pagar su planilla. Con la palabra planilla me refiero a sus colaboradores; a sus gestores de procesos, a su valor técnico, desde mi punto de vista al cuerpo humano que mueve todo el negocio y sin el cual el servicio se hace humo.

Siempre he culpado a una mala administración. A alguien que aún no aprende a gestionar el dinero de la mejor manera, que tenga claro el compromiso de cumplir con lo más importante: las personas. Esto puede arreglarse con un poco de experiencia, ensayo/error y claro con capacitación. Sin duda: aprende quien tiene ganas e interés.

Como en todo cuento hay antagonistas que generan conflicto fuera del control de los empresarios. Para mí una de la más importantes es: las cuentas por cobrar.

Habrá quien me corrija y diga: “eso también se puede planificar”. Y coincido plenamente. Sin embargo, creo que no es tan cierto cuando eres un “proveedor pequeño”, porque suele aplicarse el famoso: “déjalo para después” (es decir, págale después). Esto, aunque lo parezca, no es una queja. Menos una queja de mis clientes que los hay de todo tipo: amorosos, responsables, cumplidores, otros no tanto, planificados, angustiados, respetuosos, apasionados y luego estan todos los que no son peruanos.

El ser tratado como un proveedor pequeño limita mucho el campo de acción financiera, a veces te puede dejar sin capacidad de pago o capacidad adquisitiva (1) si no prevés con antelación (2) sino ahorras o (3) sino haces crecer el dinero de otras formas. Y el mayor riesgo de esto es dejar sin pago a personas que representan la mayor responsabilidad de un empresario.

¿Qué podemos hacer ante esto?

No tengo la respuesta, pero sí algunos caminos por los que esta humilde marketera legal ha pasado. Y cuando digo “he pasado”, es porque lo he vivido en carne propia: “No te voy a pagar”, “Dice el doctor que solo te va a dar esto”, “No me da la gana de pagar”, “Habla con mi secretaria”, “Quien tiene que honrar el trabajo de tu gente eres tú, no yo”, “A mí también me penalizan y pierdo dólares”.

¿Desafiante, no? No.

Estamos haciendo negocios. Nada de esto es personal, aunque a veces lo parezca. Aquí se trata de brindar servicios, de dar lo mejor —o hacer que tu equipo dé lo mejor— para recibir dinero por lo que sabemos hacer , de manera digna,  .

Aquí algunos tips que me han ayudado a cumplir con mis obligaciones:

  • Mantén un fondo de ahorro empresarial para cubrir pagos, especialmente los vinculados a tu equipo.
  • Divide el ahorro mensual de la firma en fondos, incluyendo uno para invertir. Así haces crecer tu dinero y no lo mantienes estático.
  • En épocas de superávit, adelanta pagos. Es algo que nosotros hacemos y que está muy ligado a la confianza y calidad del equipo.
  • “Mejor déjalo ir”. Cuando no quieren pagar lo que vales, es mejor dejar ir al cliente. Sé más comercial: casi siempre llega alguien que sí necesita tu ayuda y cubrirá ese hueco tóxico, permitiéndote tener una relación empresarial sana.
  • Una última: mejora tu reputación de marca. Si tienes un buen branding, tu futuro cliente tendrá muy poca capacidad de negociación para bajar tu precio.

Si la empresa no puede o no quiere pagar lo que vale tu servicio, solo te puedo decir dos cosas: una técnica y una coloquial. La técnica: “Ese no es tu target.” La coloquial: “Ahí no es.”

Como le digo a mi equipo: “Con la plata baila el mono.” ¿Bailamos?

#Leguleya

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